Durante las noches de noviembre, el mes de los difuntos, en Copacabana (Antioquia) Jesús Torres cumple un antiguo ritual, ser el animero de Copacabana.
sábado, 15 de noviembre de 2014
sábado, 1 de noviembre de 2014
¿DE DÓNDE SURGIÓ LA PINTADA?
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| Esta es la casa que al parecer le dio el nombre al municipio aunque hay otras versiones. Actualmente se llama Hacienda Las Vegas. Foto Carolina Saldarriaga. |
Esta es la historia de cómo dos asentamientos al margen del río Cauca se convirtieron en el municipio más joven de Antioquia.
Desde que los arrieros subían con sus muladas desde el viejo Caldas hacia Medellín, tenían un paso obligado: la casa pintada. Desde finales del siglo XIX y comienzos del XX la zona había sido establecida como lugar de paso de arrieros y colonos. El asentamiento creció hasta convertirse en corregimiento y finalmente, en 1997, la comunidad pintadeña logró erigirse como municipio: el más joven de los 125 que hay en Antioquia.
“Cuando yo tenía 7 años llegué a este pueblo, no había sino unos cuantos ranchos de lata y no había iglesia”, recuerda Ana Francisca Ríos a sus 82 años. Las casas eran de bareque, pero cuando llegó el ferrocarril en 1933, los habitantes las cubrieron con latas que el tren de carga descargaba en el sitio.
Para esa época el asentamiento había crecido a ambas márgenes del río Cauca, el segundo más importante de Colombia después del Magdalena, al lado izquierdo estaba El Crucero, corregimiento de Valparaíso, y a la derecha La Pintada, corregimiento de Santa Bárbara. Esta separación siguió hasta la década de 1990, cuando soplaron vientos de libertad.
| En verde está lo que era el corregimiento de La Pintada y en amarillo El Crucero. Hoy en día los dos conforman el municipio 125 de Antioquia. |
- “En 1992 cansados del abandono en el que nos tenía Santa Bárbara conformamos una junta promunicipio y reunimos firmas para que La Pintada se independizara”, dice Gabriel Ríos, quien fue uno de los líderes de la iniciativa. El apoyo de los habitantes fue unánime. Las firmas se llevaron a la Asamblea Departamental de Antioquia, y allí se decidió otorgar en 1994 la municipalidad.
El nuevo municipio del Suroeste antioqueño no alcanzó a disfrutar de ese estatus, pues Santa Bárbara impugnó la decisión. Para 1995, de nuevo como corregimiento, buscaron apoyo de Damasco, otra localidad santabarbareña; ante su negativa recurrieron a El Crucero, corregimiento vecino que también se sentía abandonado por la administración de Valparaíso.
La Pintada se encuentra a 79 kilómetros al sur de Medellín, la capital antioqueña.
La comunidad, que indignada había cerrado la Vía Panamericana, tratando de ser escuchada llamó la atención de Álvaro Uribe, entonces gobernador de Antioquia, quien recibió la propuesta conjunta de El Crucero y La Pintada. Uribe, que ya hacía sus pinos como zorro político, le pidió a los dos corregimientos que de nuevo recogieran firmas para respaldar la decisión, ante los damnificados municipios de Valparaíso y Santa Bárbara.
Finalmente, el 20 de marzo de 1997 el ente territorial fue erigido como municipio. Se cree que La Pintada, como sería conocido, tomó su nombre de la vieja casona pintada con cal en la que solían descansar los arrieros. Sin embargo, Sor María Uribe, una de las líderes de la junta promunicipio, cuenta que este nombre también puede proceder del mítico cacique Pipintá.
Actualmente, la mejor esquina de Antioquia, como es conocida la localidad, se ha convertido en uno de los pueblos más turísticos del departamento.
Su clima y sus paisajes naturales han convertido a la localidad en una de las más turísticas de la región. /Video: Teleantioquia.
“A pesar de todo lo que se ha luchado por el municipio la mejoría no se ve. Pa’ mí que estamos igual, el turismo le ha ayudado a unos pocos comerciantes pero el pueblo sigue siendo muy pobre”, sostiene doña Francisca. Al respecto Gabriel Ríos se pregunta por qué si La Pintada es un cruce de caminos tan importante para Antioquia, está tan abandonada.
Y es que desde la anterior administración el alcalde Pablo de Jesús Cano, prometió inversión de la empresa privada en el “puerto obligado”.
Por Carolina Saldarriaga y Santiago Castro V.
Para De La Urbe
miércoles, 22 de octubre de 2014
"COLOMBIA ES UN PARTIDO DE FUTBOL"
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| Más de 100mil personas recibieron a la Selección Colombia en Bogotá / Foto: Elheraldo.es |
Hace años le preguntaron a Diego Giraldo, un niño de ocho años que vive en el Oriente antioqueño, qué era Colombia. Su respuesta quedó consignada en el libro de definiciones infantiles Casa de las Estrellas: “Colombia es un partido de fútbol”. Inocente o no, es una definición que encierra mucha verdad.
Solamente un partido, el debut de Colombia en el Mundial Brasil 2014 después de 16 años de ausencia en el certamen deportivo, dejó un saldo alarmante: diez muertos y más de tres mil riñas en el país. Cabe aclarar que estas cifras se alejan de los 76 muertos y 912 heridos que dejó el 5-0 con Argentina en las eliminatorias al Mundial de 1994. Ante esta situación, el Ministerio del Interior se dio a la tarea de investigar cuál es el papel que cumple el fútbol en Colombia.
Para el 94% de los colombianos, el fútbol es importante o muy importante en sus vidas, y el 91% de los encuestados dijo que uno de los momentos más placenteros de su vida es cuando ve ganar la Selección de su preferencia. Tanto es el fervor de los colombianos, que en cuatro de los cinco partidos que disputó la Selección en el Mundial, se podría decir que jugó de local por la gran cantidad de hinchas que, a pesar de los altos costos económicos, acompañaron al equipo nacional en tierras brasileñas.
La encuesta hace parte del Plan Decenal de Fútbol que buscará fomentar la convivencia entre los hinchas y los aficionados del fútbol. El Plan se realizará durante diez años, es decir, hasta el 2024. A través de las fundaciones Colombianitos, Tiempo de Juego y Contexto Urbano se encuestaron a 2.475 colombianos: aficionados, asistentes al estadio, integrantes de barras, dirigentes, jugadores y ciudadanos que dieron a conocer la relación que tienen con el fútbol.
Según el 96% de encuestados, la Selección Colombia es un símbolo de integración y los jugadores son ejemplo de ello. A pesar de que todos provienen de diversas razas, nivel social, religiones, y de que se formaron en distintos clubes del país, estas diferencias desaparecen cuando suena el silbato. Pero si el 40% de los encuestados atribuye al fútbol la unión del país, ¿por qué este deporte se convierte en otra fuente de violencia en nuestra sociedad? Sin duda ese es el principal interrogante que debe resolverse desde el Plan Decenal de Fútbol.
De lo simbólico a lo real
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| Ilustración: Cristina Montoya. |
El ex árbitro mexicano, Arturo Brizio, dice que el fútbol es “el fenómeno sociocultural más importante en la historia de la humanidad”. Por eso mismo, Osorio agrega que al ser un fenómeno social está influenciado por todas las actividades humanas, todo lo que pasa en la sociedad se ve reflejado en el fútbol y, generalmente, es más lo malo que lo bueno lo que se refleja en este deporte.
Las soluciones
Si en algo coinciden los expertos consultados es que la violencia como tal no existe en el fútbol, sino a su alrededor. Es por esto que cada uno, desde su campo, propone una posible solución a esta problemática. Para Jhon Jairo Osorio, el fútbol no es violento porque es un juego. Sin embargo, como es un espejo, en él se debe reflejar la educación y sus prácticas de integración, fraternidad y hermandad. “Si la educación influenciara al fútbol, como lo hacen los males de la sociedad, todo podría ser diferente”.
En Argentina –donde surgió el fenómeno de las barras bravas–, cuando aumentó el número de muertos por los partidos y las familias se alejaron de los estadios, empezó a permitirse solo el ingreso del público local a las tribunas. “Creo que esa medida lamentablemente impide sentir lo que es ver una barra contra la otra cantándose, pero la verdad es que sí ha bajado el número de muertos”, comenta el barrista y politólogo argentino, Facundo Mercadante. Este hincha de San Lorenzo considera que desde la dirigencia deportiva se debe rechazar enfáticamente la violencia de las barras y el Estado debe tomar cartas en el asunto porque es un problema nacional.
En Colombia, el 16% de los encuestados dice sentir temor de ir al estadio por las barras de fútbol; sin embargo, un 92% reconoce que los aficionados saben comportarse en las tribunas. Para el expresidente del Deportivo Independiente Medellín, Jorge Osorio Ciro, las barras han avanzado mucho en su estructura y no son –en sí– un problema de violencia: “El principal problema es la intolerancia y el irrespeto al contrario, hoy en día la violencia en el estadio no existe, pero en las periferias sí: es un problema de ciudad”.
Actualmente Osorio Ciro es jefe de la Sección de Medicina Deportiva de la Universidad de Antioquia. De su experiencia con el Deportivo Independiente Medellín comprendió que el estadio sí puede ser un sitio de paz; eso lo entendió cuando vio el comportamiento de la gente en el momento en que se quitaron las mallas del Estadio Atanasio Girardot: “Financiar proyectos sociales con las barras y las mesas de convivencia ha sido muy efectivo”.
Fútbol y posconflicto
“El fútbol es la herramienta que necesita Colombia para la convivencia”. Con esta declaración, el ministro del Interior, Aurelio Iragorri, presentó el Plan Decenal de Fútbol. No deja de ser muy contradictorio, a primera vista, confiar en dicha afirmación cuando el 51% de los aficionados, según la encuesta del Plan, tienen miedo de ir al estadio.
Lo cierto es que la Selección, que une al 96% de los encuestados, puede representar una verdadera opción para unir a un país tan polarizado como Colombia, en el marco del proceso de paz con las Farc. Así quedó demostrado luego del emotivo recibimiento que tuvo la tricolor en Bogotá, hecho que se vio replicado en las distintas poblaciones del país donde los 23 convocados fueron recibidos como héroes. “Colombia tiene que estar siempre arriba. Ya demostramos que cuando nos unimos podemos dejar su nombre muy en alto”, fue el mensaje del capitán de equipo, Mario Alberto Yepes, a los 120 mil hinchas que coreaban los nombres de cada futbolista en el parque Simón Bolívar de la capital.
Si Nelson Mandela usó el rugby para reconciliar las diferencias étnicas de los sudafricanos, y la Alemania separada por la Cortina de Hierro vio en su triunfo en el Mundial de 1990 el símbolo de la reunificación, ¿por qué Colombia no puede soñar con usar el fútbol como elemento de unidad de un país que ha vivido con un conflicto armado de 50 años?
Para no ir muy lejos está el caso del experimento que realizó Jürgen Griesbeck en la Comuna 13 de Medellín durante la década del 90. El alemán armó un torneo entre pandillas con una sola condición, la de tener mujeres en el equipo. Aunque al principio los interesados protestaron e incluso asistían armados a los primeros partidos, con el tiempo cumplieron con la condición. Finalmente, luego de muchos encuentros vieron cómo desaparecían sus diferencias.
“Nosotros tenemos el sueño de que el fútbol pueda brindarnos un momento de regocijo que atempere las conciencias y coadyuve a encontrar de mejor manera la senda de la reconciliación”, escribieron las Farc en una carta dirigida a Pekerman y a la Selección. Entre tanto, el excandidato a la presidencia por el Uribismo, Óscar Iván Zuluaga, afirmó que los 23 seleccionados le dieron al país “una lección de cómo se trabaja en equipo y cómo se defiende con amor un país”. Que sectores tan contrarios se unan en torno a algo que no sea atacar al gobierno de Santos, es una muestra de lo que el fútbol puede lograr en el país.
Por Estefania Pereira y Santiago Castro V.
Este texto hace parte de la edición 70 de De La Urbe
domingo, 5 de octubre de 2014
¿CÓMO SE HIZO EL FLAUTISTA?
Alonso Ríos, quien para 1969 se desempeñaba como jefe de taller del maestro Rodrigo Arenas Betancur, nos cuenta cómo fue el proceso de elaboración de esta obra ubicada en el Edificio San Ignacio de la Universidad de Antioquia.
Por Santiago Castro V.
Para A Toda Voz
Foto Rutas del Patrimonio/Extensión Cultural.
domingo, 28 de septiembre de 2014
CADA DÍA MÁS POBLADO
Mientras que en el resto de Medellín
se crean nuevas líneas del transporte público masivo en El Poblado
se harán 24 obras viales que privilegian al carro particular ¿Por
qué?
Aunque parezca increíble en la capital
antioqueña los carros se desplazan más despacio que en la ciudad
más poblada del mundo: Tokio. Según cifras del estudio Sistema de
Ciudades, realizado por el Banco Mundial y el Departamento Nacional
de Planeación, en Medellín los carros se movilizan a 22,65 Km/h (la
velocidad más lenta del país), cerca de 4 kilómetros por debajo de
la capital japonesa.
Medellín, inclusive, está por debajo
de ciudades como Nueva York, Londres o París, reconocidas por sus
problemas de movilidad. Una de las causas de esta velocidad es el
crecimiento desmesurado del parque automotor. De 2005 a 2010, se pasó
de 23.759 vehículos por cada 100 mil habitantes a 39.963 en 2010. Un
aumento de 16.204 vehículos en solo 5 años.
Para hacer frente a esta problemática
la alcaldía de Medellín ha seguido la directriz del ministerio de
Transporte de incentivar otras formas de movilidad, priorizando el
transporte masivo. El Gobierno y los municipios han destinado -según
cifras entregadas por el viceministro de Transporte, Nicolás
Estupiñán, al diario La República- alrededor de 11 billones de
pesos para programas de transporte público masivo, de los cuales más
de 7 billones son financiados por la Nación y ya se han ejecutado
más de 4,2 billones.
Con este dinero en Medellín se puso a
rodar en los últimos años el Metroplús, se ha avanzado en la
creación de rutas integradas al Sistema Metro y se espera que en
2015 se inauguré un tranvía y dos líneas de Metro Cable que
beneficiarán a las comunas 8, 9 y 10.
Pero, si el Ministerio prioriza el
transporte masivo y Medellín le ha metido el diente para mejorarlo,
por qué en El Poblado, una zona donde hay tacos en cada calle, se
siguen construyendo más vías, que terminan siendo paños de agua
tibia para un problema de fondo.
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| Los cuatro carriles del puente de la 4 sur son insuficientes en horas pico. |
Un caso que ejemplifica esta situación
es el Puente de la 4 sur, un viaducto de 205 mil millones de pesos,
que fue inaugurado en 2012 sin sus obras complementarias; ocasionando
que la congestión de los puentes de la 10 y La Aguacatala (los
principales accesos a la comuna desde el otro lado del río) se
trasladen a él. La ventaja que da movilizarse por sus 4 carriles a
cada costado, se pierde cuando se llega al cuello de botella al
ingresar a El Poblado. Hasta que las obras complementarias no estén
listas el puente seguirá inutilizado.
¿Y El Poblado qué?
El sueño de muchos en los estratos
bajos es poder comprarse una moto y en el mejor de los casos un
carro, para evitarse las incomodidades del transporte público que en
las horas pico “no cabe ni un alma”.
Aunque suene contradictorio, en 2013 el
programa Medellín Cómo Vamos presentó los resultados de su octava
Encuesta de Percepción Ciudadana, en la que se evidenció que los
habitantes de El Poblado, donde se concentra la mayor cantidad de
viviendas de estratos altos en la ciudad y predomina el viaje en
carro particular como principal medio de transporte con un 44%
(superando por mucho al promedio de Medellín de 9%), son los menos
satisfechos con el medio de transporte utilizado. En pocas palabras,
aunque son los que más se mueven en carro particular son la zona de
la ciudad donde menos satisfechos se sienten sus ciudadanos del medio
de transporte que usan.
La Encuesta realizada por la firma
Ipsos-Napoleón Franco, también reveló que esta comuna sigue siendo
la que menos hace uso del Sistema Integrado de Transporte del Valle
de Aburrá (SITVA) con un 6% y donde menos personas se mueven a pie,
con un 6% frente al 16% del resto de la ciudad.
Y es que en este sector de la urbe el
carro más que un lujo pareciera una necesidad, pues en el Plan
Maestro del Metro 2006-2030, la empresa de transporte masivo definió
su plan rector de expansión que contempla la creación de 27
corredores de transporte, pero solo uno de ellos estará en El
Poblado.
Se trata de la Avenida 34 (Trasversal
Intermedia) proyecto del que solo se tiene asegurado una franja de
terreno de 7 metros de ancho, entre las calzadas vehiculares, para un
sistema de transporte masivo de mediana capacidad que podría ser un
tranvía, similar al que se construya en la 80, o una extensión del
Metroplús.
Un círculo vicioso
Con el proyecto de valorización que
comenzó hace poco en El Poblado, se pretende mejorar la situación
de movilidad que aqueja a la comuna 14 de Medellín. Esta parte de la
ciudad presenta más de 20 años de retraso en su infraestructura
vial, es por eso que, con los cobros que se realizarán a los
habitantes de la zona, se pagará la construcción de vías que estén
a la altura de los problemas de movilidad del sector.
Hay que tener en cuenta que por primera
vez en una comuna de la ciudad, se iniciarán 24 obras para mejorar
la movilidad. El costo de la nueva malla vial asciende a los 445 mil
millones de pesos, de los cuales 370 mil millones serán pagados por
los habitantes de la zona.
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| Con 24 obras como esta se espera mejorar la movilidad en El Poblado. |
Sin embargo, no se ha definido cuándo
inician estos cobros, ya que varios sectores que fueron incluidos en
la valorización rechazan la medida. El Poblado, Buenos Aires y la
vereda Las Palmas serán quienes se encarguen de pagar, exceptuando a
los propietarios de estratos 1, 2 y 3. El pago será de acuerdo a los
beneficios de cada punto de las obras y no tendrá relación con el
estrato, sea 4, 5 o 6; ni con el evalúo del predio.
Sin embargo hay quienes opinan que con
este proyecto no se dará solución a los problemas de movilidad,
Daniel Arias habitante del sector, considera que las nuevas vías son
innecesarias y mal planeadas. “Son obras que no resuelven nada, es
un hecho que aumentar los carriles no resuelve la congestión, además
no tienen en cuenta al peatón, ni al ciclista, ni al transporte
público, son solo para carros”.
Arias quien vive en la Transversal
Inferior, cerca a la 10, cree que ningún predio del sector se
valorizará, al contrario el barrio va a perder gran parte de su
paisaje natural, para llenarse de cemento y carros. Por eso opina que
la valorización es excesiva, “si quieren hacer obras para carros,
que las cobren por peaje urbano, no a los predios que antes quedarán
devaluados”.
Por otra parte, Daniel Carvalho,
urbanista del Centro de Estudios Urbanos y Ambientales de la
universidad EAFIT (Urbam) explica que la creación de nuevas vías
nunca va a ser la solución. “La creación de vías no es
suficiente, se deben crear, pero nunca soluciona”.
Carvalho expone que la movilidad en El
Poblado es un círculo vicioso, en donde los pobladores, como no
cuentan con un buen sistema de transporte utilizan su carro y como
hay tantos carros exigen más vías. Además manifiesta que la
topografía de El Poblado no se presta para desplazarse a pie o en
bicicleta, aunque esto no es excusa para darle prioridad al carro
particular, al contrario, como dice él, hay que fortalecer el
servicio de transporte público.
Las dos visiones
Carlos Alberto Marín, subsecretario de
movilidad de Medellín, espera que con las 24 obras de valorización
(que se estima estén terminadas en 18 meses) se mejore la movilidad
y se disminuyan los tiempos de los desplazamientos. Aunque resaltó
que desde la Alcaldía se viene estimulando el uso del transporte
público masivo para que haya menos vehículos en la vía, al
preguntarle por las medidas que piensa tomar la Administración
Municipal para incentivar este tipo de transporte en El Poblado, solo
atinó a responder: “me cogió fuera de base”.
Mientras que desde la academia, Daniel
Carvalho, propone un modelo de transporte masivo que atraiga a los
habitantes de El Poblado, quienes son más exigentes a la hora de
desplazarse en transporte público, “por eso no puede ser el típico
bus lleno, incómodo, en el que me monto por la puerta de atrás”.
Pero el urbanista tiene claro que este sistema no debe beneficiar
solo a la comuna 14, sino a toda la ciudad. Además, cree que se
deben aprovechar alternativas diferentes como el suelo cercano al Río
Medellín, ejemplo de ello es Ciudad del Río y el plan Corredores de
Vida.
Solo el tiempo dirá si la apuesta de
445 mil millones de pesos que se invertirán en las 24 obras de
valorización es la solución acertada para mejorar la movilidad de
El Poblado, o por el contrario en pocos años los habitantes de esta
zona de la ciudad tendrán que volver a meterse la mano al dril para
construir aún más puentes.
¿Quién tendrá la razón?
Por Estefania Pereira y Santiago Castro V.
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