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miércoles, 28 de marzo de 2012

ESGRIMIENDO UN SUEÑO


La Liga Antioqueña de esgrima cuenta con 90 deportistas aproximadamente
La primera vez que llegué a este lugar estaba un poco desubicado, fue hace ya dos años.  Es un coliseo recién inaugurado, construido para los IX Juegos Suramericanos Medellín 2010. Apenas me senté a esperar a que empezara el entrenamiento, que comienza a las cuatro y media de la tarde, un representante de cada arma se me acercaba y sin siquiera preguntarme si conocía algo sobre las modalidades, me decían: “Parce, meteté a florete”; “no, el lado oscuro somos los de sable”; “el arma más real es la espada”. Yo no sabía ni qué decir, sólo me quedaba mirándolos y pensando cuál era la importancia para ellos de que yo practicara su misma arma.
La historia de la esgrima se divide en tres grandes momentos; el primero es la aparición del juego de armas no lesivas, en el que se le ponía un recubrimiento a la punta de las espadas en el 1190  a. n. e., los esclavos hacían esto para representarle a su faraón Ramsés III como habían ganado las batallas; el segundo sucede en la Edad Media, cuando la aparición de la pólvora hace que las espadas pasen a ser parte obsoleta en la guerra y se conviertan en instrumentos de entretención; y el tercer gran momento es cuando nueve países europeos se reúnen en Bélgica el 29 de noviembre de 1913 para crear la Federación Internacional de Esgrima.

Después de hacer estiramientos empezó oficialmente el entrenamiento. Obviamente perdido como quien hace algo por primera vez comencé a hacer la guardia, posición con la que se inician todos los combates de esgrima. Se hace desde la posición de firmes, se separan un poco las piernas, se adelanta la pierna dominante y se gira la cabeza según ese mismo orden. Luego se flexionan las piernas, logrando una “L” con los pies.

La esgrima llega a Antioquia a finales de la década del sesenta con el valluno Luis Rengifo, que empezó a practicar este deporte en los corredores de la UPB. La dirigencia deportiva, al ver la acogida que tuvo la esgrima, le dio un lugar de entrenamiento en los bajos del Coliseo Iván de Bedout donde practicaban aproximadamente veinte personas. Ese pequeño grupo que por entonces conformaba la Liga Antioqueña de Esgrima gana los Juegos Nacionales, con lo que Coldeportes se da cuenta del potencial que tiene y dona cincuenta millones de pesos que sirvieron para que la Liga comprara armas, pistas y máquinas que le permitieron ser hasta 1990 la potencia a nivel nacional.

La guardia, para los que no estamos acostumbrados, cansa mucho y los desplazamientos aun peor. Después de llevar aproximadamente una hora en esta posición el dolor empieza a adormecerme las piernas, sin embargo el anhelo de tener un florete en mi mano me impulsa a seguir. Jorge, el entrenador, anuncia el receso para ir a tomar agua y apunta que en la siguiente parte del entrenamiento debemos ir por las armas. El momento esperado había llegado.

En la década del noventa la Liga empieza a decaer administrativa y financieramente, se queda sin presidente y es cerrada por primera vez por aproximadamente dos años, aunque los esgrimistas siguen practicando a pesar de no contar con entrenador. En el 2000 se reabre nuevamente la Liga bajo la dirigencia del entrenador Mario García y aunque en el 2002 vuelve a cerrarse, Mario sigue dirigiendo los entrenamientos sin recibir pago alguno. En el 2005 Indeportes Antioquia reabre oficialmente la Liga y  designa como entrenador a Emanuel Hoyos.

Me dirigí bastante emocionado a la armería y me dispuse a escoger una espada porque es la más grande y pesada de las armas, pero tuve que conformarme con un oxidado florete que reposaba en un empolvado estante. Debí escogerlo porque es el arma escuela por ser la más técnica de las tres modalidades. A pesar de esto subí al segundo piso del Coliseo, donde se encuentra la sala de esgrima, bastante emocionado, y me formé junto a los otros esgrimistas.

Antes de empezar la segunda parte del entrenamiento el del lado me hizo una mueca un tanto jubilosa, como la de quien ve lograr sus objetivos, y me dijo: “¡ah! Yo sabía que te ibas a decidir por el florete”. Era uno de los que me había preguntado a la entrada si quería practicar su arma. Le dije que fue porque me había tocado. A pesar de eso, su mirada no cambió.

En ese entonces no sabía quien era ese muchacho moreno y de contextura delgada que me había saludado amablemente aquel día. Efraín Galvis, a sus escasos veinte años, es sin duda el mejor floretista de Antioquia en estos momentos. Lleva cinco años practicando. Hizo un semestre de Ingeniería Financiera en la Universidad de Medellín, pero no le gustó y ahora estudia economía en la Universidad de Antioquia. Y sueña como casi todos los deportistas en llegar a los Olímpicos.

Actualmente es el campeón departamental de florete, y a nivel nacional en su categoría ha ocupado el segundo y tercer puesto en varias ocasiones. Efraín expresa que la practica de la esgrima: “Es una experiencia muy bonita que te marca para toda la vida, además es algo que siempre te va a hacer sentir muy orgulloso. Representar a tu departamento y a tu país es la mejor experiencia que vos podés llegar a sentir”.

Jorge, el entrenador, anunció la reanudación del entrenamiento. Como pude empuñé el florete, era más pesado de lo que pensaba, pero la sensación de estar aferrado a él me hacia sentir como si fuera un caballero de la Mesa Redonda.

Mientras pensaba eso, uno de los muchachos que antes me había dicho que si me quería “unir” a su arma, gritaba una frase de la película Star Wars “¡Únete al lado oscuro!”, mientras otros más pequeños me explicaban que con los sables de esgrima se combatía de la misma manera que los sables de luz de aquella película.

Y pensar que ese loco que gritaba frases de Star Wars es Juan Pablo Velásquez, a quien su mamá entusiasmada por meterlo a todos los deportes lo trajo a la Liga Antioqueña de Esgrima cuando tenía diez años. Ya con 19 años él se ha convertido en un gran sablista que ha representado a Colombia en el exterior y este año se alista para participar en un mundial juvenil en Moscú.

La práctica del deporte en varios países ha hecho que Juan Pablo reflexione:  "La esgrima es muy diferente en todas partes del mundo, por eso es que son tan importantes las competencias internacionales, porque le ayudan a uno a abrir más la mente, querer más el deporte y sentirse más seguro de su técnica a la hora de jugar".

Él, como casi todos los esgrimistas, defiende su arma ciegamente. Dice que el sable es el arma que ofrece mayor libertad y además la compara con las armas utilizadas en las películas y me pone como ejemplo Star Wars y El Zorro. La principal diferencia con las otras armas radica en que el "tocado" se puede realizar con toda la hoja del sable y no solo con la punta, como sucede con el florete y la espada; su área de toque es de la cintura para arriba. Con ocho años practicando Juan Pablo concluye que la esgrima: "Es un deporte muy bonito de mucha disciplina, que al mismo tiempo relaja y divierte mientras se aprende su complejo mundo".

Después de terminar el entrenamiento a las seis y media más o menos, me quedo al final observando los combates, que como es habitual se realizan hasta pasadas las nueve de la noche. Mientras trataba de entender las diferencias entre los tres tipos de armas me puse a hablar con Jorge Berrío, entrenador auxiliar de la Liga.

Como la mayoría de las personas, me parece que la esgrima es un deporte muy desconocido; por eso es que me genera mucha inquietud saber cómo los que la practican llegaron a ella. Jorge recuerda que llegó a la Liga en 2005, un mes después de la llegada de Emanuel, el actual maestro de armas. "Él empezó a formarme como esgrimista y también como persona. Yo realicé mis prácticas de licenciatura en deportes acá, y después de conocer el deporte me gustó más enseñarlo que practicarlo para obtener resultados competitivamente. Ya llevo como entrenador cuatro años, estoy muy a gusto porque al no ser usual se aprende mucho".

Al terminar el día estaba cansado pero feliz porque había logrado mi objetivo: practicar un deporte nuevo. Así seguí yendo por aproximadamente seis meses, hasta que empecé la universidad y no pude volver a entrenar.

Entre las cosas que más recuerdo de la práctica de esgrima fueron mis primeros combates. Recuerdo el ponerse toda la indumentaria que consta como mínimo de arma, careta, guante y chaquetilla. Es algo complicado al principio, cuesta acostumbrarse al aire viciado de la careta y la poca movilidad que permite la chaquetilla, que por servir de protección y ser algo gruesa intensifica el calor. A pesar de todo lo incómodo que pueda parecer, esto es precisamente lo que más ayuda a sentir la atmósfera de un combate entre mosqueteros, donde se tiene que estar totalmente concentrado y a la vez pensando en la siguiente jugada y cómo detener la del adversario.

El presente

En una carta con fecha del treinta de enero de 2012, el presidente de la República elogia los últimos logros de la Liga, el triunfo del Campeonato Nacional de Esgrima en las categorías prejuvenil y juvenil.

Después de tanto tiempo sin entrenar y de ver que mis compañeros habían obtenido ese gran triunfo, primera vez en la historia de la Liga, me dirigí al Coliseo de Combate para felicitarlos y de paso entregar una indumentaria que había conservado y sabía que alguien le podría dar mejor uso que yo. 

Mientras esperaba pacientemente la culminación del entrenamiento y al ver que yo les preguntaba a los esgrimistas sobre sus vidas, una señora que estaba a mí lado me dijo que era esposa de Óscar Arango, legendario esgrimista olímpico. Afortunadamente él se encontraba entrenando junto a su hija.

En los Juegos Olímpicos de Seúl 1998 el equipo de espada conformado por Mauricio Rivas, Juan Miguel Paz, Joaquín Pinto, William González y Óscar Arango ocupa la novena casilla, convirtiéndose así en la mejor actuación de Colombia en ésta disciplina.

Ya con 46 años, Óscar recuerda todo lo que tuvo que escalar para llegar a los Olímpicos y expresa: “Es una experiencia que cualquier deportista quisiera vivir. Allá nos fue muy bien, creo que es la única vez que un equipo de espada colombiano ha estado en éstas justas. Es una experiencia inolvidable”.

Mientras reposa rápidamente para no perder el calor y poder seguir entrenando, Óscar me dice: “La Liga está muy organizada, si bien el deporte todavía es muy desconocido hay muchas personas jóvenes y mientras un deporte tenga esto, tiene futuro”. Mientras
hablamos, Óscar observa a su pequeña hija con optimismo, a la que él, después de cada entrenamiento en la Liga, corrige con minucioso cuidado.

Ya pasadas las nueve y media de la noche, Emanuel, el maestro de armas de la Liga ha terminado, al menos por hoy, de “pulir” a los deportistas que se preparan para próximas competencias. Mientras se quita la indumentaria hace una mueca de felicidad como la que hace un padre al ver regresar a su hijo. Solo me dice  “¡eh! Volvió el ocupado” mientras me estrecha la mano izquierda como es habitual entre esgrimistas, puesto que saludar con la derecha, que es la que debe llevar el guante, sería de mala educación.

Ema, como prefiere que lo llamen, se acerca a los cincuenta años y es para los esgrimistas como un padre, que regaña y elogia cuando debe. Él es el que ha estado detrás del resurgimiento de la Liga. “Aquí llevo seis años. Cuando yo llegué solo había cuatro personas haciendo esgrima, por eso tuve que montar una nueva estrategia en la que las personas tuvieran el arma desde la primera clase. Afortunadamente esto me funcionó, en la actualidad hay cerca de noventa esgrimistas”.

Emanuel vislumbra el futuro de la esgrima en Antioquia de una forma muy clara, su idea es expandir la Liga con la ayuda de estudiantes de carreras afines al deporte. "La meta es que la Liga tenga como mínimo cinco clubes en el departamento, en los municipios de Envigado, Itagüí y Sabaneta. Esto nos permitirá desarrollar más la esgrima desde la parte recreativa, que es la que nos va permitir luego ser más competitivos".

La esgrima en el departamento ha tenido altibajos, pero sin duda este es el mejor momento por el que ha pasado la Liga. Ya terminado el día me voy con la certeza de volver muy pronto a la vida de esgrimista, donde siempre se está en combate contra nuevos desafíos.

Por Santiago Castro V.

lunes, 27 de febrero de 2012

SITUACIÓN DEL SECTOR LECHERO EN COLOMBIA

Juan Vélez y Maurico López, docente de economía de la Universidad de Antioquia y coordinador del Grupo de Macroeconomía Aplicada de la misma universidad, nos dan su opinión sobre el panorama del sector lechero en Colombia.

Por Santiago Castro V.

miércoles, 22 de febrero de 2012

"TODOS MERECEMOS UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD"


Lo primero que encontré al llegar al edificio en el que reside Jaime fue un timbre con su nombre. Después de un rato la puerta se abrió y vi su figura en el tercer piso, halando  la puerta con una cuerda. Subí las escaleras y, después de un apretón de manos, debimos bajar por otras escaleras para llegar al lugar en el que vive, situado en la parte de atrás de la casa.
Un pasillo lleno de objetos varios daba lugar a su habitación, la cual estaba repleta de pinturas, libros, alambres, lápices y todo tipo de materiales que le servían para cumplir con su trabajo; además de todos sus utensilios, su ropa y un pequeño fogón en el que cocina sus alimentos. Jaime argumenta que tiene su habitación llena de cosas porque ir en busca de materiales le haría perder tiempo valioso. “Mi habitación es mi mundo, mi taller, mi rincón de conocimientos; aquí tengo todo lo que necesito; yo diría que es como una chatarrería”.
Jaime Lince Duque nació en Itagüí en 1954 y ha vivido siempre en la misma casa en el barrio Asturias, también en Itagüí. Es un hombre delgado y alto, de piel trigueña y cabello crespo, un poco grisáceo. Viste una camisa blanca de rayas verticales y una sudadera gris, que según él se puso especialmente para esta entrevista.
Comienza contándome que la época en que cursaba bachillerato en el Instituto Cristo Rey fue cuando comenzó a consumir marihuana, pues, argumenta, tenía un gran auge entre los jóvenes. Al terminar el bachillerato se presentó a la Universidad de Antioquia a biología, pero no pasó porque el puntaje de corte en el examen de admisión era demasiado alto.
Como no pudo seguir estudiando se dedicó a trabajar, primero durante tres años en una empresa de fabricación de enchufes plásticos y luego por cinco en una fábrica de cobijas. “Después me dediqué a trabajar por mi cuenta, me volví un todero, trabajé en construcción, como ebanista, en todo lo que apareciera” y “hace unos quince años los vecinos empezaron a consultarme las tareas y a pedir que les hiciera trabajos”.
Después de que terminó su último empleo formal, Jaime se dedicó a vagar y a fumar marihuana por los alrededores del barrio Asturias. Duró aproximadamente diez años como habitante de la calle. Rememora que un típico día suyo en la calle comenzaba por ahí a las diez de la mañana y consistía en reunirse con sus amigos al frente de la escuela Diego Echavarría, donde fumaban marihuana y hacían “locuras”. Sin embargo, aclara que nunca dejó a un lado la actividad intelectual.
Describe la época que estuvo en la calle como un tiempo perdido, porque el vicio lo alejó de sus amigos y familiares, y lo hizo descuidar su salud y su presentación personal.
Mientras nos encontramos sentados en su cama, el único lugar  ‘despejado’ de su habitación (a pesar de que tiene encima una impresora y varias repisas), Jaime me dice que como la marihuana ya no le surtía el mismo efecto después de diez años de fumarla, se decidió a probar otra droga: el bazuco.
Recuerda que el deterioro fue muy progresivo, tanto que afirma que no le importaba que lo mataran en una esquina. Sentía que la sociedad lo rechazaba y que era visto como un estorbo. Además ya no le importaba su familia, consideraba que ya no era parte de ella y afirma que no le importaba si se morían o algo le pasaba a alguno de ellos.
Mientras se encontraba viviendo en la calle le dio dengue. Intentó curarse ingiriendo tres medicamentos al tiempo, pero éstos, combinados con su alimentación deficiente y la falta de sueño, le causaron una baja en la presión arterial. “Estaba a dos cuadras de mi casa, sudaba frío, fui perdiendo el conocimiento hasta que caí en un antejardín de una casa". Los vecinos acudieron a socorrerlo y Jaime se recuperó poco a poco.
Después de eso Jaime se dio cuenta de que no había llegado el momento de su muerte, de que no se podía dejar vencer por el vicio. Entonces se propuso dejar las drogas tras veinticinco años de estar consumiéndolas. Lo primero que hizo fue hablar con su familia, que le brindó un apoyo incondicional.
El proceso Jaime lo describe como de “auto convencimiento”, empezó a contar cada día que pasaba. A los quince días de la decisión sus familiares recogieron sesenta mil pesos y se los dieron para probar su voluntad: “En esa época yo me pude haber comprado ciento veinte bazucos”.
"Yo salía al balcón y todavía me tentaban las ganas, todavía sentía en el olfato y en el gusto el sabor de un bazuco, a pesar de haberlo dejado hace ya varios días". Después de un mes sin consumir, su organismo empezó a recuperarse  y se dio cuenta de que le quedaba mucho tiempo libre, por lo que se fijó un horario para leer y ver televisión, lo que le permitió administrar su tiempo libre y, poco a poco, empezar a trabajar en artesanías. Jaime cuenta que después del mes ya era capaz de ir donde sus amigos, estar rodeado de consumidores y no recaer.
“Pasar de la calle a una casa es un cambio muy grande, puesto que en la calle uno está dispuesto a que lo maten por cualquier cosa; en cambio, cuando uno vive en una casa la sociedad lo mira a uno con otros ojos, ya a vos te tienen en cuenta”.
Después de ver su recuperación, algunos de sus vecinos empezaron a preguntarle cómo se resolvía un ejercicio de matemáticas o si podría ayudarles con una maqueta; al ver que él era capaz de resolver inquietudes y  que tenía grandes habilidades para los trabajos manuales, empezaron a frecuentarlo más seguido. La voz se regó entre personas en el colegio y en el mismo vecindario, quienes se volvieron sus clientes frecuentes.
El secreto de su ingenio para las manualidades es hereditario, dice Jaime, pues su madre era una excelente artista que siempre fomentó su creatividad. Comenta que aprendió de ella que cualquier cosa se puede reutilizar y que, como él, todos merecen una segunda oportunidad.
Jaime resalta la resistencia que tuvo su organismo para rehabilitarse porque, como él dice, “el mundo de las drogas es una cosa dura y no todo el mundo nació para esto, agradezco que no estoy bajo tierra” y cuenta que ahora ve su vida como útil para la sociedad. Aunque considera que las drogas le afectaron sus horarios de sueño, pues se acuesta más o menos a las cinco de la mañana y se levanta a la una de la tarde."El horario mío está volteado hace unos veinticinco años debido a que las drogas no me dejaban dormir temprano y esto, por veinte años, termina por dañar el reloj biológico".
Jaime se sostiene económicamente con la elaboración de tareas y trabajos manuales, sumados a la ayuda de algunos de sus familiares. "Uno de mis hermanos, que vive en Estados Unidos, fue quien me regaló el computador que me ha permitido hacer los trabajos con mayor facilidad y además se ha convertido en una puerta al mundo".
Para terminar le pregunté a Jaime cómo describiría su vida. Él se quedó en silencio por un momento, contemplando con sus ojos vidriosos las luces titilantes de su cuarto y escuchando el pasar del agua por las tuberías. Más tenues eran los ruidos de los otros habitantes del edificio, sus familiares. De repente, con una voz un poco melancólica pero firme, me dijo: "Yo vine a servirle al mundo, cada uno tiene una forma de ayudarles a los demás, la mía es con los trabajos y las manualidades. Ya a mi edad, sesenta años, puedo decir que voy a morir tranquilo".


Por Santiago Castro V.

martes, 17 de enero de 2012

DICIEMBRE, UN "AGOSTO" PARA LOS COMERCIANTES

Tras el frenesí comercial que se vivió en el país, que dejó un crecimiento en el sector del 6,4 por ciento, convergen dos historias que son un claro ejemplo de la situación laboral en la que se encuentran muchos colombianos.

Foto: Santiago Castro V.
En compañía de su tanque de oxigeno, Ángela María Parra Posada vende globos hace siete años en la Avenida del Rio. Cuenta que los globos los compra a un distribuidor  del sector, quien los vende a $3.500 cada uno. Manifiesta que el invierno la ha afectado mucho ya que cuando llueve los niños no compran globos. “Los ofrezco a $5.000, vendo aproximadamente 20 globos en una noche, que me dejan ganancias por $30.000, aunque por la pipeta debo transportarme en taxi, por eso me quedan pocas ganancias”.

Ángela vive en una casa arrendada en el barrio Campo Valdés, en compañía de ocho nietos, una de sus hijas y su esposo. Él trabaja en un taller de carros, lavando repuestos y reconoce que sus ganancias son muy relativas.

Afirma que además de los globos estuvo vendiendo manillas y gafas de neón, pero dice que le tocó volver a los globos porque muchas veces se le quedaba la mercancía.

Recuerda que trabajó hasta el 2003 en la empresa de apuestas Gildardo Echeverri, según ella, le iba muy bien y se "hizo" a una casa en Santo Domingo Savio. Pero su felicidad se vio opacada por unos milicianos que se apoderaron de su casa.


Ángela sufrió un accidente ese mismo año, cuando se encontraba en un bus de la empresa Santra, en la intersección de El Palo con Los Huesos. En el suceso perdió la audición del oído derecho, se afecto seriamente la pelvis y tuvo un trauma en la rodilla y el tobillo. Asegura que el parte médico sólo reconoció algunas de las dolencias, puesto que de haber tenido en cuenta todos sus traumas ya estaría pensionada. Hace tres años volvió a caminar sin la ayuda del bastón y utiliza pipeta de oxigeno de forma permanente hace 27 meses.

Después de demandar la empresa de transportes Santra, tuvo muchos problemas con su defensa porque el primer abogado se retiró del caso luego de que le ofrecieron un puesto en una notaría. El segundo abogado hizo lo mismo, "A mí me dijeron que era comprado, que era una estrategia de la empresa transportadora para que se vencieran los términos de la demanda", declara con tristeza Ángela María. El tercer abogado, Jaime Muñoz, tomó el caso, pero nunca se presento a las audiencias.

Después conoció que ya había resolución de su caso por parte del peritaje del Tránsito, en el que le otorgaban $3`866.000, pero dice que esto es insuficiente para suplir sus gastos médicos. A pesar de que intentó apelar y consultó a Natalia Isaza, encargada de esta dependencia, los términos se habían vencido y tuvo que aceptar el dinero que le alcanzó para pagar lo necesario para vivir.

Le surgió la inquietud de consultar cuál es el valor que debió haberle pagado la empresa de transportes por su accidente, y aseguró que la cifra asciende a 120 millones de pesos. “Necesito una cirugía urgente, necesito prótesis de cadera y  de pelvis, sino me operan en dos meses puedo quedar invalida de por vida".

En la parte económica, diciembre significa mucho para ella: “Los niños me comen un poquitico mejor, porque me prueban la carne todos los días, mientras que los otros meses solo una vez a la semana”.  

Calcula que con lo que gane este diciembre se va a des atrasar de los meses que debe de arriendo. “Me ha dado para pagar el arriendito gracias a Dios y a la ayuda de la gente, además de los globos no falta quien me colabore con un dinerito”.  

Entre sus planes está trabajar hasta que retiren los alumbrados y después decidirá qué más puede vender en la calle, hasta el momento tiene pensado vender solteritas, “Ya hice manipulación de alimentos y me dijeron que con un tapabocas podía vender”.

Según la última Encuesta de Opinión del Consumidor (EOC) de Fedesarrollo en diciembre de 2011 el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) en todas las ciudades se ubicó en niveles superiores, no sólo en comparación a su promedio de los últimos tres años, sino en niveles mucho más favorables que los registrados en 2010, que para Medellín se mantuvieron en el25,8%.

Foto: Santiago Castro V.
Como Ángela, Hernán Apaza también aprovecha diciembre para hacer su “agosto”. Hace pinturas en lienzo hace más de 25 años y lleva 15 trabajando en la Avenida del Rio. Después de haber sido favorecido en una convocatoria de la Subsecretaría Espacio Público de Medellín, y fue ubicado en una caseta en la que lleva 6 años. Cuando termina la temporada decembrina labora en el taller que tiene en casa.
En una noche pinta alrededor de 30 a 40 cuadros. “Para diciembre solo saco cuadros pequeños, que vendó a $7.000; el resto del año saco cuadros grandes para la venta, para marquetería o galerías de arte”.  
Cuenta que la competencia no es mucha, porque en esa zona se ubican pocos pintores “En este momento sólo estamos 5 pintores, en diferentes técnicas, aunque en la mía soy el único”.  
Dice que este año en comparación con otros le fue regular. “No todos los años es lo mismo, el año pasado me fue bien, ahora es muy regular, tirando pa’ bien, podría ser por la ubicación de los puestos o no sé que sería. Hay varios factores: el invierno, la economía o la no permanencia de los puestos en la avenida”.
Por Santiago Castro Y Estefanía Pereira.